martes, 29 de marzo de 2011

Día 5.



Un día de aquellos, de esos que los niños olvidan en lo más oscuro de su caja cerebral, fue el día de hoy para Mesecina.
Ya tenía bien oculto los recuerdos de su encierro por ser "una falta de respeto", entonces estaba programada para no volverlo a hacer y sabiendo que cada palabra suya sería un insulto ya no hablaba simplemente.
El día de hoy, en clases, estaba muda como era habitual en ella y mientras estuviera en silencio no era estorbo para su colegio católico, hasta que entró a la sala uno de los padres de la capilla cercana. Era un hombre muy amable y a M le agradaba bastante por ser muy gracioso: Joven de 23 años, placeres masturbados y agilidad para el deporte. Al entrar a la sala de clases se presentó como estudiante y nuevo profesor de religión de la escuela. Le pidió a cada chico que pronunciara su nombre y cuando llegó el turno de M ella se levantó sin pronunciar palabras; él con dulzura le insistió para que hablara.

domingo, 20 de marzo de 2011

Día 3.


Mesecina jamás volvio a hablar desde ese entonces. No por que no pudiera sino por que ya no tenía nada que decir, pero sí mucho que pensar.Mecesina ya no hablaba y comenzaba a mirar como lo hizo alguna vez el pequeño gato que rescató en un recuerdo anterior. Miraba sin poner atención, miraba el cielo pretendiendo una plegaria que no sería escuchada, anhelando que el alma se le saliera por los ojos, tal vez.

Mesecina durante clases miraba la pared y nadie se sentaba junto a ella. Le gustaba mirar como las hormigas traían alimentos pútridos de todas partes y se metían en un pequeño agujero. Cuando era recreo se quedaba en la sala y rebentaba cada una de las hormigas con la parte trasera de su carcomido lápiz mina y revisaba las mochilas de sus compañeros pues coleccionaba lo asqueroso de ellos: papeles con mucosidades, costras, cintas para curar heridas usadas, cepillos de dientes sucios, uñas, mocos pegados en las mesas y chicles bien masticados.

martes, 15 de marzo de 2011

Día 2.


Mesecina debe relatar ante su clase cómo ha sido su verano.
Ella cuenta sobre los gatos muertos que podridos divisó en la calle, relata las aves que encontró incrustadas en las palmeras y el gato que destriparon sus perros.
La profesora se levanta de su asiento al terminar de oír a Mecesina. La toma del brazo y la lleva a la "caja oscura" donde se encierra a los niños que se portan mal o dicen malas palabras.
El mito de la "caja oscura" dice que si uno abre la boca para llorar o gritar saldrá un ratón y te morderá la lengua.
Mecesina no lloró, aunque no comprendía que había dicho o hecho de malo.
Estuvo encerrada en la caja durante cuatro horas y cuando la abrieron Mecesina calló desmayada, no por el encierro, sino por las maquinaciones extrañas que se inscrustaron en su mente, las cuales jamás la abandonarían.