domingo, 20 de marzo de 2011

Día 3.


Mesecina jamás volvio a hablar desde ese entonces. No por que no pudiera sino por que ya no tenía nada que decir, pero sí mucho que pensar.Mecesina ya no hablaba y comenzaba a mirar como lo hizo alguna vez el pequeño gato que rescató en un recuerdo anterior. Miraba sin poner atención, miraba el cielo pretendiendo una plegaria que no sería escuchada, anhelando que el alma se le saliera por los ojos, tal vez.

Mesecina durante clases miraba la pared y nadie se sentaba junto a ella. Le gustaba mirar como las hormigas traían alimentos pútridos de todas partes y se metían en un pequeño agujero. Cuando era recreo se quedaba en la sala y rebentaba cada una de las hormigas con la parte trasera de su carcomido lápiz mina y revisaba las mochilas de sus compañeros pues coleccionaba lo asqueroso de ellos: papeles con mucosidades, costras, cintas para curar heridas usadas, cepillos de dientes sucios, uñas, mocos pegados en las mesas y chicles bien masticados.

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