martes, 29 de marzo de 2011

Día 5.



Un día de aquellos, de esos que los niños olvidan en lo más oscuro de su caja cerebral, fue el día de hoy para Mesecina.
Ya tenía bien oculto los recuerdos de su encierro por ser "una falta de respeto", entonces estaba programada para no volverlo a hacer y sabiendo que cada palabra suya sería un insulto ya no hablaba simplemente.
El día de hoy, en clases, estaba muda como era habitual en ella y mientras estuviera en silencio no era estorbo para su colegio católico, hasta que entró a la sala uno de los padres de la capilla cercana. Era un hombre muy amable y a M le agradaba bastante por ser muy gracioso: Joven de 23 años, placeres masturbados y agilidad para el deporte. Al entrar a la sala de clases se presentó como estudiante y nuevo profesor de religión de la escuela. Le pidió a cada chico que pronunciara su nombre y cuando llegó el turno de M ella se levantó sin pronunciar palabras; él con dulzura le insistió para que hablara.

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