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Día 6.



Mesecina expelía sus demonios simbólicamente: costras, trozos de vendas con sangre, goma de mascar usada, uñas de pie, puntas de lápices, cartas jamás enviadas, dolores añejos, todo aquello expelía su boca cada vez que le hacían recordar que era un individuo, una 'yo', una 'tu' y no un nosotros. Su individualidad la traía devuelta a los recuerdos negros para un ánima tan joven, le hacía ver que era un cuerpo vivo y su existencia la aterraba. En ella había más que una caja oscura y una rata, habían años, años de raíces acumuladas.

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