Vio que un dragón pequeño la miraba con dulzura; se trepó a la reja para verlo mejor y lo saludó. Imaginó que con los lápices de colores dibujaba una escalera, que la llevaría hacia ellos. Bajó con cuidado cada peldaño para no caer. El río parecía torrentoso en esa madrugada extraña. Ella no sabía qué era lo real.
Recogió los lápices y caminó por la calle, sonámbula. Se los guardó en los calzones. Estaba cerca del río. Miró por la barandilla que lo cercaba, para ver cómo corría el agua e imaginó que salía desde lo profundo un dragón.