Querido Akeni:
Acá las cosas en la escuela siguen como siempre y es raro porque estamos intentando que la vida sea normal. Es tan fea esa palabra, tan imposible además, porque lo destruye todo y no crea nada nuevo. Me contaron que querías trabajar y eso me puso muy contenta, siento que el trabajo ayuda a despejar la mente y también a la anhelada independencia. Me hubiera encantado tener 17 y poder trabajar pero sólo me dejaron a los 19, en un restaurante chino para comprarme un notebook. Me acuerdo que me iba bien con las propinas, casi como la mitad de un sueldo mínimo extra, y las usaba para carretear mientras lo otro lo ahorraba. Un día llegó un señor muy elegante a comer lo mismo de siempre y ese día decidió emborracharse. Me gustaba cuando los clientes bebían porque les echaba la talla y me pedían más tragos sólo para que me acercara a hablarles. Después, de tan cufifos (ebrios) me dejaban las mansas propinas. Ese día ese señor me dejó como 10 lucas y se fue entero doblado. Igual no todo era color de rosas en la pega, a veces llegaba gente muy mala onda y otras veces llegaba gente que ni te saludaba. Mis jefes tampoco eran tan amables. Un día sorprendí a mi jefa robando mis propinas porque nos obligaban a llevarlas en un tarro a parte y no guardarlas nosotras en nuestra ropa. Otro día también me pidieron que limpiara el piso con un cepillo de dientes y hasta ahí me llegó lo sumisa. Me carga que la gente se aproveche de la buena disposición que una tiene para la vida. Igual me sentí bien al pararle los carros al viejo pesado, porque sentí que me estaba agrandando el espacio a mi misma, que estaba creando un espacio de respeto para mí y para mis compañeras, que me vieron alegando. Así después pasó en todos mis trabajos temporales, siempre peleando con los jefes por que abusaban de su poder. Una vez en una zapatería en la que trabajaba mi jefe le pedía a mis compañeras que se dieran la vueltecita para sapearles el cuerpo. Yo quedé super mal y ahí comencé a empoderar mi feminismo sin saber lo que era. Cuando hablaba con ella las empoderaba para que no hicieran esas bajezas, no era y nunca será parte de nuestro trabajo ser violentadas de esa forma. Ese jefe marcaba territorio de esa forma, demostrando que era el macho alfa y que nosotras estábamos a sus servicios de viejo verde. Al final, en ningún trabajo dejé de pelear, ni siquiera en mi gremio profesional, ni en el de artista ni el de profe de filosofía. Una vez un inspector general nos dijo: Es que todos sabemos que las mujeres son de cabellos largos pero ideas cortas, teniendo a más de 30 mujeres profesionales en la sala de profesores. Un verdadero viejo asqueroso. Bueno, el resto de la historia se cuenta solo, no me iba a quedar callada. Pasan tantas cosas pencas en el mundo que al guardar silencio nos volvemos cómplices pero tampoco es tan fácil gritarlo todo, pero siempre en más fácil con la ayuda de les amigues. Tal vez sea difícil gritar para ti en estos momentos pero siento que en ti queda una llama de fuego que quiere hacerlo, no dejes que se apague, todes te necesitan: tus amigas y amigues, les demás niñes que transicionan, todes se necesitan porque con sólo existir le demostramos a los viejos vinagres que no pueden achicarnos el espacio, porque cada vez somos más y estamos organizades. Une a veces siente que es tan pequeñe, tan ínfime, pero en realidad nuestra propia existencia es una patada enorme para ampliarnos los espacios, en el trabajo, en la escuela, en la calle. A veces cansa luchar tanto, pero al ser mujer como en mi caso, intersexual, lesbiana, bisexual, nos toca gritar para que no nos achique nuestro espacio vital. Ellos no tienen derecho ni tampoco el valor para ganarse nuestro silencio. Entiendo mucho a mis amigues que dicen que hay que quemarlo todo pero que sean ellos los que se enciendan y no nosotres, ya han tenido demasiado poder en este mundo para que sigan haciendo lo que se les de la gana. Pónele ramitas a tu fuego interior para que ardan ellos y nunca tú, porque tu sola presencia en el mundo le abre el camino a muchas personas que tienen el valor de romper con la normalización que ya nos está rompiendo el corazón.
Un abrazo consentido a la distancia.
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